Aula Z Lengua castellana y Literatura 3º ESO

EL SIGLO DE ORO

Según Wikipedia, con el apelativo Siglo de Oro se conoce

un período de florecimiento del arte y la literatura en España, que coincidió con el auge político y posterior declive de la dinastía de los Austrias o Habsburgo españoles. El Siglo de Oro no supone fechas precisas y generalmente se considera que duró más de un siglo. Su inicio no sería antes de 1492, con el fin de la Reconquista, los viajes de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, y la publicación de la Gramática castellana de Antonio de Nebrija. Políticamente terminó en 1659, con el Tratado de los Pirineos, ratificado entre Francia y España. El último gran escritor Pedro Calderón de la Barca, falleció en 1681, y su muerte es generalmente considerada como el fin del Siglo de Oro español de las artes y las letras.

Estos casi dos cientos años se reparten entre tres movimientos o tendencias artísticas: el Prerrenacimiento (XV), el Renacimiento (XVI) y el Barroco (XVII)

EL PRERRENACIMIENTO U OTOÑO DE LA EDAD MEDIA: CONTEXTO

Lo que define al siglo XV es su carácter de transición, porque supone el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna, de ahí que reciba estas denominaciones.

Es, por tanto, una época de profundos cambios en la que conviven y se mezclan elementos medievales y elementos modernos. Todo ello conlleva una conciencia de crisis, de inseguridad y de pesimismo, ya que en general se concibe el mundo como un caos regido por el azar –la diosa Fortuna-. Diversos factores contribuyeron al cambio de la sociedad del XV: factores histórico-sociales, económicos y culturales.

En el siglo XV nace el Estado Moderno, caracterizado por la concentración del poder en manos del rey, denominándose a este proceso la "monarquía autoritaria". Frente a la disgregación política y económica de la época medieval, aparece en Europa occidental un nuevo tipo de organización estatal, basada en la concentración del poder y en la unificación de los territorios geográfica o históricamente afines. 

Ahora bien, que en el siglo XV se implante el Estado Moderno no es una mera casualidad, sino que es la consecuencia lógica de las nuevas circunstancias económicas, sociales y políticas que han venido gestándose a lo largo del siglo anterior y que culminan en éste: 

  1. La peste negra con varios rebrotes a lo largo del XIV y principios del XV diezmó la población europea y como consecuencia hubo un descenso de la producción agrícola que redujo a la miseria a las clases trabajadoras.
  2. Sequías pertinaces e inviernos duros terminaron de asolar el campo y la hambruna fue constante. Los campesinos llegan a sublevarse contra el poder feudal y se niegan a pagar las rentas.
  3. La guerra fue una constante europea, por diversos motivos en cada país, desde el XIV hasta el último tercio del XV: guerras civiles producto de la pugna entre la nobleza y la monarquía y de los conflictos dinásticos; guerras de conquistas, etc. A partir del último tercio, los Reyes Católicos liquidan los restos del feudalismo e imponen una monarquía fuerte, centralista y autoritaria que domina a la nobleza y a la Iglesia, acaban con la Reconquista,  se anexionan Navarra, expulsan a los judíos e instauran la Inquisición.
  4. Se inicia una política de casamientos con una doble finalidad; por un lado, debía conducir a la unificación de la península en un solo reino (con Portugal), la cual no prosperó y, por el otro, aislar diplomáticamente a Francia, acercándose a Inglaterra y Austria. La consecuencia de estos enlaces matrimoniales con príncipes herederos de potencias europeas, será la entronización en el XVI de la dinastía austriaca de los Habsburgo.
  5. Se consolida el antisemitismo. A partir del XIV florece un antisemitismo general en toda la península, producto de las especiales circunstancias de esta época de crisis; la hostilidad de las masas cristianas hacia los judíos creció en intensidad durante el siglo XIV, llegando a producirse ataques a partir de 1391 en todas las aljamas hebraicas de la península, en los que el saqueo y el asesinato fueron generalizados, lo que provocó conversiones masivas de judíos a la religión cristiana, temerosos de perder la vida, lo cual, a su vez, acarreó otro problema: el enfrentamiento entre cristianos viejos y nuevos. Los conversos se insertaron rápidamente en el ámbito de la comunidad cristiana, en función de su propia condición social y económica; así, por ejemplo, de la familia burgalesa del antiguo rabino Salomón Ha-Levi salieron varios obispos; o Diego Arias de Ávila, contador general de Enrique IV, pertenecía a una rica familia conversa.
    Las conversiones, pero sobre todo, el poder socio-económico y político que seguían manteniendo suscitó un gran recelo entre los cristianos viejos, los cuales, entre otros argumentos, se apoyaban en uno de carácter espiritual, la posible tibieza de los recién convertidos hacia su nueva religión y su judaísmo de corazón. Este clima desembocó en los actos de violencia contra los conversos en diversas ciudades de la península en la segunda mitad del siglo XV.
    Los Reyes Católicos practican una política religiosa tendente a la unidad, aunque a veces se caiga en contradicciones, como por ejemplo la creación de la Inquisición para combatir a los conversos judaizantes a la vez que se tolera a los judíos, hasta que no finaliza la guerra de Granada (1492) y se firman las capitulaciones de Granada en las que admiten que los musulmanes continúen practicando el islamismo. 
  6. De hecho, los Reyes Católicos utilizaron la Inquisición como un medio más para afianzar su poder, pues persiguiendo a los conversos, que ocupaban puestos relevantes en el gobierno de las ciudades, consiguieron destituir a numerosas autoridades municipales que podían entorpecer la centralización del poder. Poco tiempo después, empiezan las expulsiones de los hebreos, acusados de connivencia con los conversos, pero durante la conquista de Granada los reyes protegieron a los judíos y llegaron incluso a ocupar cargos importantes en la administración, especialmente como recaudadores de impuestos, lo cual acentuó el odio popular contra ellos.
    Aprovechando este clima, se firmó el decreto de expulsión de los judíos de todas las tierras de la corona castellano-aragonesa, dándoles un plazo de cuatro meses. En principio, se les permitía llevar todos los bienes muebles, pero las leyes prohibían sacar oro, plata, monedas, caballos y armas, por lo que debían transformar sus bienes en letras de cambio. En muchos lugares se prohibió a los cristianos la compra de bienes judíos y en todos se explotó la necesidad apremiante de vender. Los propios monarcas prohibieron la venta de los bienes comunales de las aljamas y en septiembre de 1492 confiscaron todos los bienes, deudas o letras de cambio dejadas por los judíos.

LA IDEOLOGÍA Y LA CULTURA DEL XV

En la Italia del XIV se inicia el estudio de las lenguas clásicas (latín y griego) y con ellas la obra de los autores  grecolatinos (filosofía, literatura, matemáticas, retórica, etc.). Este estudio trajo como consecuencia inmediata la revalorización del hombre y del conocimiento racional.

Si el hombre era importante por sí mismo, pues era portador de valores individuales, todo lo que estaba relacionado con él adquiría relevancia o era visto bajo una perspectiva diferente:

  1. La vida dejaba de ser un tránsito hacia el más allá y merecía la pena ser vivida y aspirar, por tanto, a todo lo bueno de ésta.
  2. Las lenguas vernáculas fueron objeto de estudio y empezaron a surgir las primeras gramáticas, como la de Antonio de Nebrija. Obtuvieron, también, el prestigio necesario para que se tradujesen los textos clásicos.
  3. Las tradiciones folclóricas; se revaloriza la literatura popular oral que venía de la Edad Media, pero también la música y las danzas, como demuestra el Cancionero Musical de Palacio.
  4. El entorno del hombre fue merecedor de ser estudiado racionalmente; es el inicio de la ciencia.

Varios factores contribuyeron a desarrollar y expandir estas ideas y con ellas el Humanismo:

  1. La creación de universidades que se interesan por el saber humanista, como la de Alcalá de Henares; en ellas se formaron letrados más rigurosos y eruditos que los clérigos medievales.
  2. Las cortes palaciegas se convierten en focos culturales, desde donde los mecenas protegen a hombres doctos y a artistas. En los palacios el saber se valora como una de las virtudes imprescindibles del cortesano.
  3. La invención de la imprenta permitió una difusión del saber más rápida, multitudinaria y barata. Sin la imprenta no se explica el enorme éxito de las novelas sentimentales o las de caballerías, cuyo público fue muy amplio y en gran parte femenino.

LA LITERATURA EN ESTE CONTEXTO

El siglo XV aparece como época de profunda crisis, de ahí que se le denomine el "otoño de la Edad Media"; los modos de ser medievales irán dejando paso a las nuevas maneras del Humanismo y del Prerrenacimiento. Como resultado de esta encrucijada, encontramos en las manifestaciones literarias de este siglo, e incluso en un mismo autor, elementos medievales y otros que anuncian el Renacimiento.

Se trata de un siglo contradictorio, pues al mismo tiempo que desaparecen el Mester de Clerecía y el de Juglaría, ya en decadencia durante el XIV, se ponen de moda géneros y temas típicamente medievales: triunfo del estilo caballeresco, cuya máxima expresión van a ser los libros de caballerías, la influencia de la lírica provenzal en la poesía y el uso de ficciones y temas alegóricos.

De forma paralela empiezan a mostrarse los primeros rasgos humanistas, especialmente por lo que respecta a la presencia de los tópicos de la literatura latina medieval y, más tarde, la imitación de la cultura clásica. Ahora el mundo grecolatino es visto como un modelo a imitar, lo que le conducirá a tenaces intentos de transplantar al castellano usos gramaticales del latín, como el hipérbaton, el uso del participio de presente, la prosa rimada, introducción de latinismos, etc.

También los temas muestran el influjo humanista (fama, fortuna, providencia, virtudes) y se les da un tratamiento alegórico, procedente de la Edad Media. Este auge de la alegoría en el XV se debe en gran medida a la influencia de Dante, modelo de escritores en este siglo. La alegoría consiste en la expresión de una serie de ideas y de una serie de imágenes que se corresponden paralelamente; por ejemplo, el concepto de Justicia se representa en la figura de una mujer con los ojos vendados y una balanza en la mano; con estos dos elementos simbólicos se alude a los dos rasgos más sobresalientes: la igualdad de todos los hombres ante la ley (los ojos vendados) y la equidad (la balanza).

En el XV habrá una gran tendencia a dar cuerpo a ideas o conceptos abstractos, como por ejemplo, la Muerte (en una figura humana vestida de negro, calva y de tez amarillenta, o simplemente bajo la forma de un esqueleto humano con una espada), la Fortuna, y en especial un aspecto de ésta, la mutabilidad, en una rueda, etc.

Destacan en esa literatura alegórica el Laberinto de la Fortuna de Juan de Mena y Las Danzas de la Muerte, obra en verso presente en las artes desde la segunda mitad del XIV, pero con la máxima expresión durante el XV. En las Danzas se parte de la idea de que todos los hombres son iguales ante la muerte, por lo que asistiremos a un diálogo entre la Muerte y sus víctimas, personificadas en hombres de distinta condición social: reyes, papas, campesinos, etc.

A diferencia de la actitud típicamente medieval ante la muerte (puerta hacia el Paraíso o resignación ante ella),  el hombre de la segunda mitad del XIV, pero sobre todo el del XV se siente más apegado a la vida y tiende a abandonar el recuerdo de la muerte -memento mori- durante su vida para fiar su salvación al último momento. Este ars moriendi último no le libera de una sensación de temor y de inquietud, incluso de horror, ante un desenlace desagradable.

Aparece con ello una visión macabra de la muerte, visión que no es cristiana, y a la que se la personifica, además de las formas ya vistas, como segadora de vidas, es decir una figura enlutada con una guadaña en la mano. Su poder es universal y lo ejerce indistinta y caprichosamente sobre todos los seres humanos. Esta representación de la muerte es habitual en la pintura, en los claustros, en las iglesias y en los cementerios.


EL RENACIMIENTO: CONTEXTO

Se denomina Renacimiento al movimiento cultural y artístico, pero sobre todo ideológico, que se inicia en Italia en el siglo XV y se expande por toda Europa durante el XVI. Con este apelativo se intenta reseñar el redescubrimiento de la cultura clásica grecolatina tras el largo paréntesis que va desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta esta época. Y por Humanismo se entiende el movimiento intelectual e ideológico que constituyó la fuerza motriz del Renacimiento

En España, esta época corresponde a dos reinados, el de Carlos I y el de Felipe II; cuya política e intereses serán en algunos casos contrapuestos y, sobre todo, influirán decisivamente en la ideología, la cultura y el arte del siglo XVI, hasta tal extremo que se distinguen dos épocas, correspondientes a cada reinado, denominadas: Primer Renacimiento y Segundo Renacimiento.

El primer hecho político-social destacable es la entronización de una nueva dinastía real, los Habsburgo o Áustrias, consecuencia directa de la política de enlaces matrimoniales de los Reyes Católicos.

Con el primer Áustria, Carlos I. España pasa a formar parte de un Imperio, cuya extensión es vastísima, pues sobre él recaen cuatro herencias: la herencia austriaca de los Habsburgo (Austria, Bohemia, y parte de la actual Polonia), la herencia borgoña (Países Bajos, el milanesado y el Franco Condado), la herencia aragonesa (Aragón, Cataluña, Valencia, Baleares, Sicilia, Cerdeña y Nápoles) y la herencia castellana (Castilla, Navarra, Granada y las tierras de América que se van descubriendo). A todos estos estados, añadió en 1519 la corona imperial y con ello los territorios del Sacro Imperio Romano.

El segundo va a ser el triunfo definitivo de la monarquía autoritaria. Al hablar del reinado de los Reyes Católicos, ya se apuntó que con ellos nacía el Estado Moderno; ahora, éste se consolidará en especial porque la monarquía autoritaria triunfa definitivamente. Carlos I y su hijo Felipe II recogieron la herencia del autoritarismo de los Reyes Católicos y lo reformaron, ya que era imprescindible un poder estatal fuerte para sostener la nueva organización económica y política, derivada de los grandes descubrimientos geográficos y de la intervención española en Europa.

Pero a pesar de ese autoritarismo, los dos primeros Àustrias respetaron la singularidad y sobre todo los fueros internos de los diversos reinos que componían su Estado; es decir, aumentaron el poder de la monarquía sin llegar a provocar una ruptura con las leyes anteriores. Para conseguirlo, tuvieron que establecer una complicadísima organización burocrática que era dirigida personalmente por el rey a través de Consejos asesores. Así llegó a instituirse un sistema eminentemente centralista, que Felipe II completará al establecer la corte de sus reinos en Madrid.

En su conjunto, hay que decir que el siglo XVI supone:

  1. El aumento de la población europea, en general, y de la española en particular.
  2. La expansión económica, lo cual repercute socialmente en la ascensión de una burguesía mercantil. Las formas de vida y de producción se transforman (aparecen, por ejemplo, trabajadores al margen de los gremios y los banqueros adquieren mucha importancia). El crecimiento económico se caracteriza por: un aumento de la producción agrícola; una gran circulación monetaria por la llegada de ora y plata de las Indias; el aumento considerable de los precios; el desarrollo de la producción manufacturada; progresos técnicos (brújula, cartografía, barcos, utillajes, etc.)
    Sin embargo, este auge económico no supo aprovecharse y se malbarata la riqueza generada por la conquista de América y la propia producción interna en múltiples conflictos armados: la rivalidad con Francia y las guerras contra los protestantes, durante el reinado de Carlos I; en el de Felipe II, las guerras contra los turcos por la primacía del Mediterráneo, la de Flandes por la independencia de este país, la contienda con Inglaterra por la supremacía del Atlántico, la anexión de Portugal, la pretensión de ser coronado emperador como su padre y algunos conflictos internos como la rebelión de los moriscos granadinos, con la consiguiente expulsión y alzamientos en el reino aragonés.
  3. Socialmente, lo más destacable es la normativa impuesta a las clases sociales:
    La aristocracia se jerarquiza estrictamente; ocupan el último lugar los hidalgos, orgullosos de ser nobles, pero normalmente pobres.
    La alta burguesía se muestra obstinada en ennoblecerse, para lo cual o bien compran títulos o bien casan a sus herederos con familias hidalgas venidas a menos.
    La Iglesia afianza su poder; unas 150.000 personas viven consagradas a la religión, y disponen de casi la mitad de las rentas del país.
    Las clases populares viven en prosperidad hasta 1550, pero después de aquí se empobrecen; de ahí la abundante mendicidad y la picaresca. Los campesinos y los artesanos carecen de honra (derecho al respeto de su honor), y no podían aspirar a la hidalguía.
    Se desarrolló una enfermiza preocupación por la limpieza de sangre, es decir por no tener ascendentes judíos o moros. El poseerlos producía deshonra, menosprecio y sospecha, llegándose a pedir certificados de limpieza de sangre (los cuales se falsificaban) incluso para enrolarse como soldado mercenario. Este hecho provocó que un considerable número de personas intentaran hacerse pasar por nobles, empobreciéndose el país, pues, como tales, éstos no podían dedicarse ni al trabajo manual ni al especulativo.
    Los dos últimos aspectos -empobrecimiento del pueblo y  limpieza de sangre- dieron lugar a la emigración hacia América; se calcula que durante el XVI marcharon al nuevo continente entre 150.000 y 200.000 personas
  4. Los movimientos religiosos que critican la corrupción y el lujo de la jerarquía eclesiástica. Entre éstos, cabe destacar la figura de un humanista insigne, Erasmo de Rotterdam, preceptor de Carlos I. Su manera de entender la espiritualidad, denominada "devotio moderna" dio lugar a una amplia corriente europea, el erasmismo, cuya impronta en España se rastrea desde el Lazarillo hasta el Quijote. Erasmo proponía, frente a una religiosidad de carácter social, en la que los signos externos era lo más importante, un retorno a la pureza evangélica por medio de la oración y del acercamiento a la figura de Cristo a través de la lectura y meditación de los Evangelios; de ahí que se potencie la sinceridad, la rectitud y el verdadero amor a Dios y al prójimo. Paralelamente ejerció la crítica social, la cual quedó resumida en una máxima: "no por lo que naces, sino por lo que haces".
    Los erasmistas, si bien tuvieron libertad de expresión durante el reinado de Carlos I, en el de Felipe II fueron prohibidos e, incluso, perseguidos. Sin embargo, de esa doctrina persistieron dos rasgos: el afán renovador en lo religioso y el uso de la sátira para denunciar las lacras sociales; sátira que a veces se consideró anticlerical, de manera que, durante el segundo Renacimiento, aparece-rá en las obras, de manera solapada.
    En la línea de Erasmo, aunque con mayor dureza, Lutero protagonizó un enfrentamiento con Roma criticando los poderes temporales de la Iglesia. Excomulgado, y consumada la ruptura con el Papado, encabeza un movimiento de reforma protestante que arraiga en la Europa nórdica y occidental, recibiendo en Alemania el apoyo de diversos príncipes enfrentados con Carlos I, que aprovechan esta cuestión religiosa para intentar obtener su independencia. En Suiza, Calvino impulsó otro movimiento todavía más radical e intolerante; y en Inglaterra se produce el cisma, promovido por la monarquía autoritaria de Enrique VIII.
    Como reacción a estos movimientos religiosos, surge en el reinado de Felipe II, la Contrarreforma: El Concilio de Trento (1545) reorganiza aspectos esenciales de la Iglesia católica como: afirmación de la autoridad del Papa, la creación de seminarios, la obligatoriedad de residencia de los obispos en su diócesis, afirmación del dogma y la obediencia y fijación de un único texto bíblico, la Vulgata, traducción latina de la Biblia realizada por San Jerónimo, así como la utilización del latín como lengua litúrgica. La influyente expansión de los jesuitas, la del Tribunal de la Inquisición y el protagonismo que, en defensa del catolicismo, va a adoptar el rey y sus sucesores, son otros aspectos de la Contrarreforma.

LA IDEOLOGÍA RENACENTISTA: EL HUMANISMO

La ideología dominante es la procedente del Humanismo y por Humanismo entendemos la actitud por la cual la Antigüedad clásica, revivida por medio del estudio de las "humanae litterae", se pone como ideal y como modelo de la educación del hombre completo, para cuya formación son precisamente instrumento necesario los "estudios humanistas", es decir las lenguas clásicas y las obras maestras de la literatura grecolatina.

Este estudio se dio originariamente en Italia a lo largo del siglo XV, expandiéndose por Europa en esta misma centuria, pero consolidándose en el XVI.

La consecuencia inmediata de ese estudio fue el cambio teológico y filosófico radical, según el cual, el hombre, en vez de considerarse una pieza más en la sólida jerarquía del cosmos, en cuyo centro está Dios, se repliega hacia sí mismo, primero sobre su peculiaridad de hombre y más tarde sobre su propia individualidad: antropocentrismo.

A partir de aquí, no verá ya lo que le rodea como una simple alegoría divina, sino que lo verá como objeto de nueva curiosidad, de manera que se producirá un "descubrimiento" de ese mundo externo, con la consiguiente "investigación y estudio".

Consecuencia lógica de lo apuntado será el nacimiento de una ciencia experimental que intentará explicar los fenómenos percibidos mediante la razón y la experiencia. Así, no es de extrañar que se dieran progresos importantes en el campo de la Medicina, estudiándose la anatomía humana, practicando la cirugía o descubriéndose la circulación pulmonar.

Pero, la personalidad más relevante de la ciencia del XVI es Copérnico, que en 1543 presenta una teoría, que no pudo confirmarse científicamente hasta el siglo siguiente, según la cual y contradiciendo las teorías medievales (geocentrismo: todos los cuerpos celestes giran en torno a la tierra que tiene una posición fija), formula el principio del heliocentrismo: la Tierra y el resto de los planetas giran alrededor del sol. Galileo pudo demostrar la teoría del fraile polonés.

Esta nueva concepción del hombre y del mundo hará que los temas básicos de la cultura renacentista giren en torno a los siguientes centros de interés:

La naturaleza y lo natural como principio estético, filosófico y vital  y con ello, el principio de la armonía, el equilibrio y la serenidad. El arte renacentista recoge las ideas de:

  • Aristóteles según la cual las obras artísticas reflejan la belleza de la realidad; por tanto, el arte embellece la realidad, ya que la finalidad del arte es estética, esto es, persigue la belleza única y exclusivamente, por lo que el didactismo medieval, como tal, desaparece.

  • Platón (neoplatonismo) que concibe la belleza terrenal como un reflejo apagado de la belleza suprema, que sólo se encuentra en el mundo de las ideas. Por eso la contemplación de cualquier rasgo bello (en la mujer, en la naturaleza o en el arte) mejora al ser humano porque lo acerca y lo eleva a la divinidad.

Ésta es la base del amor platónico que recoge Petrarca (petrarquismo) y que está presente en toda la lírica culta renacentista y barroca. Según esta teoría, el amor se concibe como dolencia o fatalidad; la lucha entre la pasión y la razón da lugar a la melancolía, al "retórico silencio" y a la concepción del amor como servidumbre y a la postre como sufrimiento.

  • Horacio que concibe el arte como bello y útil, esto es, a través de la belleza se puede aprender; es el inicio de una nueva forma de didactismo, reservado para unas obras determinadas y que tiene como finalidad última el sosiego espiritual.
  En la literatura se plasmará en dos tópicos: el locus amoenus y el beatus ille, tratados por diversos autores

El hombre y lo humano como eje del universo (antropocentrismo), pero integrado en la naturaleza y en ese entorno debe desarrollar su inteligencia y sensibilidad a través del conocimiento racional. Por eso, el humanista por excelencia es un intelectual que intenta abarcar cuantos más conocimientos posibles, de manera que cultivará tanto la filosofía y los conocimientos idiomáticos, como las ciencias y el arte. El prototipo de humanista es Leonardo da Vinci: pintor, escultor, experimentador, inventor y  estudioso de la anatomía humana .

Junto al modelo de humanista, está también el modelo de cortesano, esto es, el perfecto ser social. Su formulación se debe al italiano Baltarsar de Castiglione, en El Cortesano, obra en la que propugna el cultivo armónico del cuerpo y del alma: el cortesano ideal debía ser diestro en el manejo de las armas y de las letras; refinado, culto y rendido enamorado en palacio, y valiente guerrero en la batalla. Y todo ello con sencillez y naturalidad, pues se rechaza la afectación.

Esta unión de los físico y lo espiritual será el ideal del Renacimiento. Se verá reflejada en la literatura y, por ejemplo, don Quijote hará una defensa del mismo en su célebre "discurso de las armas y de las letras"

Individualismo e independencia.

Tanto el hombre y lo humano, como el individualismo e independencia son la  idea clave en el Lazarillo.

LA LITERATURA EN ESTE CONTEXTO


La antigüedad clásica que ejercerá una fuerte influencia (Platón, Aristóteles, Virgilio, Horacio..). Esta influencia se manifiesta tanto en los géneros literarios como en algunos temas mitológicos, en el concepto del arte, en la búsqueda de un estilo natural y elegante y de manera muy especial en el concepto del proceder literario que se tiene, esto es, en el "principio de imitación-emulación", según el cual se imita a un clásico para intentar superarlo, que se mantendrá a lo largo del XVI y del XVII.

Siguiendo el principio de imitación clásico, el creador estará obligado a seguir una serie de principios o reglas; son las llamadas Preceptivas poéticas, que se mantendrán hasta terminado el Barroco, siendo las básicas las teorías literarias de Aristóteles y Horacio, si bien en el siglo XVII aparecerán otras.

  • La Poética de Aristóteles, además de sostener que el arte no debe imitar la realidad tal como es, sino mostrar lo que de bello y genérico tienen los objetos, defiende que debe hacerse de manera verosímil. Este principio de verosimilitud a que estaba sometido el arte, obligó a Cervantes, al escribir el Quijote, a crear una serie de manuscritos encontrados de diferentes autores, de manera que el narrador lo único que hace es refundir, y por tanto volver a contar, una historia ya escrita.

Con respecto a la forma de las obras, la Poética de Aristóteles señala la diferenciación de estilos teniendo en cuenta el contenido de las mismos, especialmente por lo que al teatro se refiere: el estilo elevado corresponde a la tragedia y el bajo a la comedia. Además, considera que la acción teatral debe estar sujeta siempre a las llamadas "tres unidades": lugar tiempo y acción .

El auge de estas normas perdurará lo largo del Renacimiento, si bien los dramaturgos barrocos romperán con ellas, en especial Lope de Vega, creando lo que se ha denominado el "teatro nacional". Sin embargo, en el siglo XVIII volverán a imponerse estrictamente.


  • El Ars poética de Horacio influyó por el propio estilo del autor (oraciones amplias y armoniosas), por los modelos que expone (imitación de los clásicos, naturalidad a fuerza de trabajo, etc.) y, sobre todo por el fondo estoico  y moral que subyace en su producción poética.

El estoicismo es una corriente filosófica, pero también una actitud vital; nació en Grecia y se arraigó con fuerza en Roma. La filosofía estoica refleja una situación de desacuerdo de la persona con el mundo, de infelicidad de la vida pública; para salvar esta infelicidad, el hombre debe replegarse sobre sí mismo, en un desprendimiento del mundo y sobre todo mediante un alejamiento de la vida política expresado en el cosmopolitismo de la cultura


Los temas más tratados en la literatura renacentista, especialmente durante el Primer Renacimiento, son: el amor (platónico), la naturaleza (idealizada) y la mitología clásica. De ahí la importancia que adquieren nuevos géneros como la égloga, los relatos mitológicos, las novelas pastoriles, etc.

PERÍODOS DEL RENACIMIENTO ESPAÑOL

PRIMER RENACIMIENTO:

El reinado de Carlos I (primera mitad del XVI) se caracterizará por una apertura a todas las ideas, tanto peninsulares como extranjeras. El optimismo vital, el humanismo y la serenidad y confianza en el hombre son las bases de este momento, tal y como se advierte en la poesía italianizante de Garcilaso y en la difusión del neoplatonismo y del erasmismo.

Pero también se manifiesta en el auge de los estudios filológicos, en la revalorización de las lenguas romances -aspectos que arrancan de principios de siglo, como hemos visto-, en la concepción intimista de la religión y en la crítica social.
SEGUNDO RENACIMIENTO:

El reinado de Felipe II (la segunda mitad del XVI), con la Contrarreforma como principio religioso, social y político, provocará la cerrazón con respecto al exterior y, consecuentemente, habrá un reconcentramiento en el individuo, manifestándose en un fervor religioso que en el resto de Europa sólo se produce durante la Edad Media, de manera que los ascetas y los místicos florecerán.

Este segundo Renacimiento supone una asimilación del espíritu petrarquista, del neoplatonismo y del estoicismo; los temas tratados son más graves, reflejo de que el optimismo anterior ha dejado paso a una contemplación serena y preocupada del hombre y su mundo, si bien continuarán escribiéndose obras con el mismo talante que en la primera época.
DENOMINADOR COMÚN:

Sin embargo, existe un denominador común entre ambos reinados y que se prolongará en el XVII: la armonización de elementos que parecen contradictorios, en especial, por lo que respecta a la literatura, hecho que cristaliza en los gustos y tendencias de estos siglos.

Así, y a diferencia de la literatura del resto de Europa, no se desdeñará la Edad Media, sino que se incorporará a la nueva producción literaria; buena prueba de ello son las reediciones sucesivas de los Cancioneros, los Romanceros o los libros de caballerías, entre otros.


EL BARROCO: CONTEXTO

Con el término Barroco se designa la estética que dominó las artes a lo largo de los tres primeros cuartos del siglo XVII, centrándose con mayor intensidad entre 1605 y 1650. Se trata de un período estético complejo en el que concurren factores de diverso orden, desde los políticos y económicos, hasta los sociales e ideológicos, por no mencionar los estrictamente literarios; por tanto, no se manifiesta sólo en las artes, sino también en la ideología y en las mismas actitudes existenciales.

Desde el punto de vista del arte, supone la evolución del arte renacentista que poco a poco va recargando y retorciendo sus formas. En escultura predomina el movimiento; en pintura, los contrastes de luz; las columnas renacentistas se convierten en salomónicas, etc.

El fenómeno afecta a toda Europa, si bien en cada país presenta características propias y orígenes distintos (preciosismo en Francia; enfuismo en Inglaterra; marinismo en Italia). En España este periodo cultural reviste especial interés porque coincide con el máximo esplendor de la lengua y de la literatura.

El siglo XVII estuvo marcado por el progresivo desmoronamiento del imperio español forjado en el siglo anterior. Durante esta centuria reinaron en España los tres últimos Áustrias:

  1. Felipe III (1598-1621): Con este rey se inicia la política de los "validos", consistente en dejar el gobierno en manos de un favorito (el duque de Lerma y el duque de Uceda, hijo del anterior). En política exterior,  fue una época de pacificación  (España firmó tratados de paz con Inglaterra, Holanda y Francia) al heredar el rey una Hacienda en quiebra y un país empobrecido, aunque con inmensos dominios territoriales. En el interior, el hecho más destacable fue la expulsión de los moriscos, que tuvo repercusiones muy negativas en agricultura y la artesanía, especialmente en Valencia, Murcia, Andalucía, parte de Castilla y Extremadura.
  2. Felipe IV (1621-1665): otorgó la privanza  al conde duque de Olivares , valido que intentó desarrollar un programa de uniformación regional, como Richelieu en Francia, de marcado signo centralista, anulando los fueros tradicionales de los diversos reinos que componían el Estado, lo que agravó la crisis de la unidad territorial y se produjeron sublevaciones independentistas en Cataluña (guerra que durará doce años), Portugal (ocho años), Andalucía, Aragón y Navarra; aumentó impuestos y tributos, originando agitaciones sociales importantes. En el exterior, guerra con los Países Bajos, con la independencia final de Holanda; intervención en la guerra de los Treinta Años al lado de Austria, con la derrota consiguiente; se intentó mantener la supremacía frente a Francia (por medio de una guerra que duró once años y se perdió, obteniendo el país vecino el Rosellón, la Cerdaña y el Franco Condado). Por tanto, fue un periodo dominado por guerras internacionales y sublevaciones internas.
  3. El reinado de Carlos II (1665-1700) estuvo marcado por las constantes guerras con Francia. El último Habsburgo heredó el trono a los cuatro años, por lo que asumió la regencia su madre, Mariana de Áustria, quien entregó el poder a su confesor, el jesuita alemán Nithard  y, posteriormente,  a Fernando de Valenzuela. La falta de descendencia del monarca  hizo que las potencias europeas se aprestasen al reparto de los territorios aún dominados por España. A la muerte del Rey estalló la guerra de Sucesión en la que participaron Francia, Inglaterra, Alemania, Austria, Países Bajos, Suecia y una España divida en dos bandos: los que apoyan al pretendiente Borbón y los seguidores del austriaco.

Consecuencias de las circunstancias históricas:

  1. Disminución demográfica debida a diversas causas: epidemias, emigración a América, expulsión de los moriscos, mantenimiento de los ejércitos, aumento del clero y de los miembros de las órdenes religiosas.
  2. Decadencia comercial, muy especialmente con las Indias, pues la preponderancia marítima ahora está en manos de Inglaterra y Holanda. Se calcula que el comercio español con las colonias representó menos del 5% del comercio total que Europa realizó con las Indias.
    Caída general de la economía, en la que concurren muchos factores: falta de mano de obra (especialmente para la agricultura); prejuicios sociales que consideraban el trabajo manual y el comercio como indignos; ambición de la nobleza para no pagar tributos; falta de inversiones en la agricultura y en la industria; el coste de la guerra con los consabidos aumentos de tributos; el despilfarro de la corte y de la administración en general, etc.
  3. El rentista ocioso como modelo de prestigio social. Se mantiene -y se agrava- la dinámica social del XVI: los hombres se movían dentro de unos marcos sociales en teoría muy rígidos, impulsados por dos móviles: el honor y el dinero. La meta final era avanzar puestos en la escala social; los plebeyos querían convertirse en hidalgos, los hidalgos en caballeros, los caballeros en títulos. El dinero servía de mucho para conseguir estas aspiraciones y, en cuanto se conseguían, se obtenía a su vez más dinero, por no hablar de honra, puesto que, en el fondo, lo que se pretendía con el cambio social era un alto puesto en la administración y en la Iglesia, o sino cargos menores como la hidalguía, un hábito de las órdenes militares, o como mínimo, un puesto de "familiar" de la Inquisición (o ayudante del tribunal); en estos últimos casos, por lo menos podía presumirse de limpieza de sangre, además de tener derecho a ciertas ventajas y exenciones de tributos.
    En cambio, la figura del burgués acaudalado no seducía, incluso en Valencia, Aragón y Cataluña, donde proliferaba este tipo social, el "ciudadano honrado", que procedía del gran comercio y dominaba los grandes municipios, tendía al abandono de los negocios por la posesión de la tierra y aspiraba a convertirse en caballero.
    Así pues, decayeron la industria, la banca y los negocios, acaparados por los extranjeros, pero seguían formándose capitales por otros métodos, como los arriendos de tierras, los altos cargos burocráticos y eclesiásticos, las especulaciones sobre granos, etc.
  4. Pero el gran conflicto del XVII es todavía la diferenciación entre cristianos viejos y cristianos nuevos, lo que fomentaba la división social originando desconfianza, envidia y odio, además de generar situaciones rocambolescas entre miembros de diferentes clases sociales, como por ejemplo entre campesinos y nobles; así, en la Edad Media, los judíos y moros raramente se casaron con labradores cristianos, por lo que éstos en el siglo XVII podían jactarse de ser cristianos viejos, por muy humilde que fuese su posición social; esta jactancia se convertía fácilmente en insultos hacia caballeros cuando había intereses en conflicto, pues por mucho que el noble pudiera mostrarse orgulloso de la antigüedad y distinción de su linaje, siempre podía estar amenazado por un insulto como "judío".
    Los estatutos de limpieza de sangre impiden a los descendientes de los conversos ocupar puestos de poder y respetabilidad en la Iglesia y en el Estado. Cuando alguien  pretendía entrar en una orden militar o religiosa, recibir una ejecutoria de hidalguía o aspirar a un empleo en la corte, "primero le espulgaban el linaje"; probar que había tenido un solo bisabuelo judío equivalía a la descalificación.
    Situaciones de este tipo se daban en la vida real y la literatura las ha reflejado. Así  un comedia de Lope de Vega titulada Peribáñez, los labriegos llaman a unos caballeros "judíos" e "hidalgos cansados" (cansados de esperar durante tanto tiempo la venida del Mesías).

LA IDEOLOGÍA BARROCA: PESIMISMO, DESENGAÑO Y DUALISMO.

Los innumerables conflictos políticos con las consiguientes repercusiones socio-económicas, generaron en la conciencia de los coetáneos el sentimiento de "crisis" y "decadencia" , lo que conduce a ver el mundo como un lugar donde triunfan las falsas apariencias, la confusión y el desorden. Esta sensación generará una visión pesimista: el hombre barroco se muestra desencantado de la realidad que le ha tocado vivir; es el desengaño barroco, que se manifiesta de dos maneras:

Adoptando una actitud pasiva; en este caso el escritor expresa sus preferencias por un modo de vida diferente, que añora o desea, pero que no vive, como por ejemplo la vida idílica de los pastores bucólicos, o el refugio de la religión. Por ejemplo.

Adoptando una actitud activa. El escritor se enfrenta directamente con la realidad que rechaza y puede adoptar varias posturas:
    * Renunciar a la vida social dominada por la apariencias (ostentación del poder y alardes de lujo y riqueza) y vivir de manera sencilla, no idealizada, sino un modo de vida cotidiano.    
    *   Denunciar que la falsedad y el materialismo de la época haya destruido los ideales del hombre.
    * Criticar aquellos comportamientos que, por ser sólo gestos grandilocuentes que se hacen de cara a la galería, no resuelvan nada, son meras apariencias.

Así, pues, el desengaño provoca que todos ellos rechacen la sociedad en que viven, aunque lo hagan de manera diversa. Incluso, en un mismo autor pueden coexistir las dos actitudes antes enunciadas; de ahí que cuando se habla del pensamiento barroco, además de afirmar que es desengañado, se destaque la existencia de este dualismo vital; es lo que se denomina el dualismo barroco, el cual no sólo se manifiesta en lo que acabamos de expresar, sino también en otros temas y motivos artísticos, pero siempre apuntan hacia la coexistencia de contrarios, como lo hermoso y lo feo, lo culto y lo vulgar, lo trágico y lo cómico, etc.

Pero además de la situación conflictiva antes mencionada, el Barroco fue acelerado y acentuado por la Contrarreforma, que desaconsejaba o impedía todo espíritu de investigación crítica, reafirmando e intensificando la tradición eclesiástica; por ello, la Inquisición vigilaba toda explicación de la naturaleza o del hombre que no tuviera en cuenta la directa acción divina. Obviamente, la máxima expresión del Barroco se produce en los países católicos, aunque no puede despreciarse la presencia de esta estética en los protestantes.

En el caso de España, la Inquisición hace que cesen prácticamente la investigación científica y la filosofía racional y se impide el "pernicioso" contacto con el resto de Europa, donde los postulados de Trento no se siguen al pie de la letra. En cambio, se potencia un religiosidad que muchas veces es suplantada por la superstición; de ahí que florezcan los "milagros".

No es de extrañar que resurja con fuerza el pensamiento desilusionado estoico y receloso del siglo XV ante la vida que se observaba, por ejemplo, en La Celestina, en escritores como Quevedo, Calderón o Gracián.

LA LITERATURA BARROCA

El arte, influido por la ideología y conciencia expresadas anteriormente, es fruto de la evolución del Renacimiento hacia un arte distinto.

Los poetas renacentistas se caracterizan sobre todo por la naturalidad expresiva; sin embargo, ya en Herrera  la expresión tiende a hacerse más difícil y complicada que en los poetas anteriores. Los escritores nacidos en la segunda mitad del XVI no tienen los mismos ideales políticos, religiosos y literarios que los de las generaciones anteriores. Se encuentran con una lengua poética hecha y con unos temas demasiado trillados; por otro lado el principio clásico de "imitación-emulación" que rige durante todo el siglo XVI y continuará a lo largo del XVII, les obliga a cambiar las trayectorias poéticas sin romper con la tradición. La única posibilidad para ello es llevar al límite los recursos expresivos que apuntaban en el Renacimiento, influyendo, por tanto, en la lengua literaria y, a la vez, bifurcará a los poetas en dos direcciones distintas, aun cuando tengan muchos puntos en común. Estos dos movimientos renovadores son el culteranismo y el conceptismo.

Por otro lado, el pensamiento que antes hemos analizado influirá en la concepción artística y así, frente a los hombres del Renacimiento que creían que el arte era bello porque representaba de manera ideal la belleza de lo natural, los del Barroco, movidos por el desengaño y el dualismo, no aceptarán ya esa concepción optimista de la estética porque:

  • Desconfían de lo natural, ya que consideran que en ello no sólo hay belleza, sino también fealdad; de ahí que opongan la naturaleza y el arte, siendo el segundo el preponderante, pues la perfección se encuentra en el arte, no en la naturaleza, ya que la obra de arte ha de responder a la "idea" del artista y no ser mera copia de la naturaleza.
  • Recelan de todo tipo de representación idealizada, pues piensan que ofrece una visión ficticia de lo natural, ya que sólo recoge su aspecto positivo y no el carácter contradictorio, dualista, que tiene.

Movidos por estas razones, se elabora una nueva estética fundamentada en dos supuestos:

  • La capacidad de percibir la belleza no está al alcance de cualquiera, no es algo natural, sino patrimonio de una minoría privilegiada de hombres cultos, que son quienes únicamente pueden diferenciar lo verdadero de lo falso, lo auténtico de lo convencional.
  • La auténtica belleza sólo se encuentra en lo que pueden percibir directamente a través de los sentidos, ya que éstos no pueden ser engañados con tanta facilidad como lo haría un modelo idealizado.

Los escritores barrocos abordarán sus temas bajo una perspectiva en la que domina el desengaño y el dualismo:

  1. La vida es el gran tema barroco ; se encara desde el pesimismo en que se vive, lo que provoca que ya no se considere la vida como algo hermoso que hay que disfrutar, sino que se concibe como:
  • lucha y contradicción, en tanto en cuanto el hombre lucha consigo mismo, por sus contradicciones, y contra los demás por su fiereza. En esta época se popularizó una máxima latina que decía que "el hombre es un lobo para el hombre"
  • breve, instantánea; de ahí que el poeta barroco parezca obsesionado por el tema del tiempo en relación a la vida. Todos los tópicos que plasman ese decurso temporal tendrán capital importancia.
  • inconsistente; es algo que no se puede asir, y esa inconsistencia se muestra en el divorcio entre apariencia y realidad (tema capital del barroco); nada es lo que parece, de ahí que la vida se vea como un sueño, una representación y el mundo sea un teatro 
  • vivir es morir. La obsesión por la muerte es uno de los mayores aspectos del Barroco.
  1. El mundo es un tema que hay que relacionar con la vida. Ya hemos visto el tema de las apariencias; de ahí que se vea como algo que carece de valor; ya no es el cosmos (orden), sino un caos (desorden); un laberinto por el que el hombre va perdido y rodeado de males. Gracián dirá de él "que a este mundo le llamen mundo, llámese inmundo y disparatado".
  2. El tiempo guarda relación con la vida y el mundo; con respecto a la primera ya hemos visto que daban lugar a unos tópicos; con respecto al mundo dará lugar a la destrucción; el tiempo, al pasar, lo destruye todo; de ahí que sea más que frecuente el tópico de "las ruinas", como símbolo de la destrucción de lo mundano.
  3. El amor es un tema eterno, de todas las épocas. Se recoge la concepción del amor petrarquista (y con ella todos los tópicos amorosos y los relacionados con la dama) y se lleva al máximo, estableciendo algunas diferencias:
  • el amor concebido como un ideal inalcanzable, por tanto como una frustración más, que causa dolor y, a la vez, se ve como el único sentimiento que puede vencer la angustia vital en la que se vive.
  • en el Renacimiento, sólo hay contemplación o contacto espiritual con la dama; en el Barroco, se habla de contacto físico y así aparecerá el beso, o la caricia.
  • amor y muerte van a unirse y el tópico de la muerte de amor llegará al extremo, cuando esa muerte (que simboliza la destrucción) no es capaz de destruir al amor, por lo que este amor es visto como un sentimiento absoluto, como en el último terceto de Quevedo:
  1. Temas históricos o legendarios, basados en anécdotas, leyendas o hechos históricos son los que inspirarán buena parte del teatro.
  2. Temas filosóficos o doctrinales, como la naturaleza humana, el libre albedrío, tratados tanto en el teatro, como en la lírica y en la prosa.
  3. Temas de crítica social o política en la novela picaresca, pero están presente en otros géneros.
  4. Temas satíricos, festivos o burlescos, tomando como punto de arranque cualquier vicio, defecto, profesión; pero también el amor, la contemplación de la dama etc.

Todos estos temas cuentan con una amplia tradición. La originalidad reside en el tratamiento que reciben, producto de una "radicalidad", ya que ahora tras estos temas hay un real sentimiento de inestabilidad, de miseria, de dificultad de vivir; en definitiva, son la expresión de un vitalismo frustrado, nacido de la separación existente entre los ideales y la realidad concreta. El hombre Barroco parte del idealismo del Renacimiento, pero el hundimiento de aquellas ilusiones es lo que le convierte en un ser frustrado y desengañado.

Sin embargo, es posible otro tratamiento: el enfoque del estoicismo (grecolatino o cristiano). Si el mundo es malo, cabe apartarse de él; si la vida es breve e inconsistente, pongamos los ojos en la otra Vida; si el mundo es teatro, esforcémonos por representar bien nuestro papel. Se trata de la resignación

la lengua


El Renacimiento se inicia durante el reinado de los Reyes Católicos y, en muchos aspectos, este período es ya plenamente humanista, como por ejemplo en el estudio de las lenguas clásicas (latín y griego), pero también de las nacionales, pues la primera gramática de una lengua vulgar que se escribe en Europa es el Arte de la lengua castellana de Antonio de Nebrija.

Pero este humanismo se observa de manera muy especial en los estudios filológicos, aplicados a la religión. No olvidemos que durante el  XVI, las reformas religiosas están presentes en toda la centuria, expresándose con ello el interés primordial que suscita la espiritualidad y de ahí que el Renacimiento se considere como un período de renovación espiritual. Curiosamente, la cumbre de esa renovación se da a principios de siglo y en España con la edición de la Biblia Políglota de Alcalá (1514-1517), patrocinada por el Cardenal Cisneros, confesor de la reina, y dirigida por Antonio de Nebrija.

La Biblia Políglota de Alcalá consta de seis volúmenes en folio con los textos caldeos, hebreos, griegos y latinos y sus respectivas traducciones. Sólo se ocupa del Antiguo Testamento. El Nuevo aparecerá durante el reinado de Felipe II, si bien los trabajos se realizaron durante la época del emperador; a esta segunda parte se la conoce como la Biblia de Amberes porque fue editada en esa ciudad.

La importancia de la Biblia de Alcalá es doble; por un lado, por lo que supone de erudición en el terreno filológico; se trata de establecer un texto fiel para lo cual se compara fuentes anteriores, escritas en latín y griego, pero también, siguiendo la tradición peninsular que arranca de la Escuela de Traductores de Toledo, se analizarán textos hebreos y caldeos (las dos lenguas orientales en que se escribió originariamente la Biblia). La finalidad es obtener un texto bíblico fiel, no corrompido por traducciones no demasiado científicas que a lo largo de los siglos se habían realizado.

Por otro lado, por la filosofía que subyace en esta empresa. Si se quiere modificar la religiosidad, acercándola más al individuo y que deje de ser un aspecto meramente social, hay que empezar por tener un texto auténtico y no corrompido por interpretaciones añadidas y producidas por sucesivas traducciones deficientes. Con ello, se reconoce abiertamente que los textos de la Biblia "oficial", la llamada Vulgata son erróneos.

En un principio, la Biblia Políglota será aceptada por la jerarquía eclesiástica, aunque nunca llegará a presentarla como la "oficial". Sin embargo, después del Concilio de Trento será prohibida. De hecho, después de este Concilio se prohíbe no sólo la traducción de cualquier texto bíblico a lenguas vulgares, sino también cualquier interpretación que no venga dada por la jerarquía eclesiástica. Un buen ejemplo lo constituye Fray Luis de León, acusado y encarcelado por la Inquisición precisamente por traducir un texto bíblico.

Felipe II se erige en defensor de los valores de Trento, por lo que la segunda parte de esta Biblia (el Nuevo Testamento) tendrá que ser editada en Amberes, denominándose la Biblia de Amberes.


· La lengua del siglo XV sigue dos líneas paralelas:
· Una tendencia latinizante, que intenta elevar el castellano a la altura del latín.
Una línea popular representada por el Romancero, que llegará a convertirse en la expresión más genuina de
la poesía en lengua española.

· La h− inicial se va imponiendo a la f−.
· La −d final se impone a la −z.
· Las formas −ades, −edes, −ides son sustituidas en las terminaciones verbales −áis, −éis.
Se introducen en la lengua bastantes latinismos (ígneo, ínclito) algunos galicismos (dama, paje,
galán) y algunos italianismos (soneto, lonja).

Renacimiento (S.XVI): se desarrolla considerablemente el estudio de las humanidades dentro del
movimiento cultural.
Juan Valdés: Publica el Diálogo de la lengua, donde, de forma amena y dialogada, se habla sobre el
origen de nuestra lengua, su difusión y gramática, convirtiéndose la obra en un manifiesto de defensa
de la lengua vulgar. Estilo basado en la naturalidad y la selección.

· Rasgos de la lengua en los Siglos de Oro:
· Fonéticos:
· Vacilación en el empleo de los grupos consonánticos como afetación/afectación, conceto/ concepto.
· Desde finales del S.XVI deja de pronunciarse aspirada la h− procedente de la f− latina.
· Las dos variantes de la s (sorda y sonora) se reducen a la sorda actual.
· La g, j y x medievales se convierten en el sonido actual.
· Aunque estos cambios están generalizados en la población, no lo están en la escritura.
·En la morfosintaxis:
· Aparecen otras formas del sufijo diminutivo (−uelo, −ito, −ico) además del ya tradicional −illo.
· Se generaliza el superlativo −ísimo.
· Se utiliza la preposición a delante del complemento directo de persona.
· En el léxico:
· Se moderniza el vocabulario.
Se toman préstamos de otras lenguas europeas y americanas. Americanismos: patata, canoa, tiburón,
chocolate.
·
· Aparecen modalidades dialectales.





ACTIVIDADES: 92, LITERATURIZO UN PERFIL Y UNA LÍNEA DE TIEMPO
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